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No es oro todo lo que reluce para la izquierda. El 28-A deparó una victoria parlamentaria del PSOE, pero ello no impidió que la izquierda retrocediera cerca de 300.000 votos respecto a 2015. La gran movilización que sugirió el incremento de participación no extendió la base social de la suma de PSOE, Podemos, IU y sus confluencias. Se benefició el tercer bloque de la política española: nacionalistas y regionalistas periféricos.

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La despedida de Alfredo Pérez Rubalcaba ha dado pie a rememorar algunas de sus más relevantes contribuciones a la política española en las últimas dos décadas. Se ha recordado menos su etapa previa, la de su ascenso político, la que le acabaría convirtiendo después en la pieza clave del PSOE ya en el siglo XXI: su papel en el gobierno largo de Felipe González.

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Pedro Sánchez, the Spanish socialist leader who came to power 10 months ago after a vote of no confidence against his predecessor, finally managed to win parliamentary elections in Spain last week. His party, the center-left Spanish Socialist Worker’s Party (PSOE), obtained 7.5 million votes and 123 seats, almost double — in both votes and seats — that of the second party, the conservative People’s Party (PP). Analysis with Fernando Casal Bértoa.

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Si Sánchez ha sabido devolver al PSOE a la senda de la victoria recurriendo al icono emocional de su persistencia, le convendría evitar la caricatura del hiperliderazgo, comenzando por reconocer ante los electores los límites que deberá afrontar. Los franceses lo denominaban parler vrai.

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Les socialistes remportent les législatives, mais sans majorité. La droite, divisée, est en échec. Le politologue Juan Rodriguez Teruel tire les leçons du scrutin espagnol. Propos recueillis par Catherine Gouëset.

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On Sunday, Spain will hold an election for its parliament, which will then choose a new government. This is the third time that Spaniards have voted in national elections since 2015. After the first of these elections, parliament could not agree on a government, so a repeat election was held in 2016. After that, parliament selected Mariano Rajoy of the conservative Popular Party as prime minister — but only because the main opposition Socialists abstained. With only 39 percent of seats in parliament, the Popular Party formed a single-party minority government, with support from a new center-right party, Citizens. Analysis with Bonnie Field.

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Se inicia la campaña electoral con una incertidumbre mayúscula: cuatro de cada 10 votantes predispuestos a votar (86% en la encuesta pre-electoral del CIS) no saben qué harán el día de las elecciones; igual que en las de 2015. Según algunos, esto hará de las próximas dos semanas «la campaña más decisiva de la democracia». ¿Está todo tan abierto? En realidad, no tanto.

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Implosión catalana

Una de las claves de bóveda de nuestra democracia ha sido la implicación determinante del nacionalismo catalán en la gobernabilidad del Estado, incluso en momentos de mayoría absoluta de PSOE y PP. Y por eso, el engranaje de la política española permanece bloqueado desde que la sucesión fallida de Jordi Pujol acabara derivando en una implosión de ese espacio político.

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El veto a Pedro Sánchez

Ciudadanos protagoniza el ingrato papel del ladrón robado: un segmento significativo de votantes provenientes del PP que podrían convertirle en el primer partido de la derecha, si no de España, estarían ahora fugándose hacia Vox.

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La resistencia de Sánchez

En tiempos de frivolidad, quizá no debería sorprendernos que el primer libro de memorias del Jefe de Gobierno empiece hablando del cambio de colchón en la Moncloa. Tampoco que el resto de comentarios se hayan quedado en esa anécdota, dando por descontado el resto del libro. En realidad, las protomemorias de Pedro Sánchez ofrecen algunas claves interesantes sobre los cambios políticos que experimenta nuestras democracias. Por supuesto, no debemos esperar revelaciones excepcionales ni giros de película sorprendentes (tampoco un estilo literario como el de Semprún o calvo Sotelo). La evolución de la política española de los últimos cinco años es argumento más que suficiente.

Leído sin prejuicios, el libro refleja bien las dificultades que la élite dirigente del PSOE ha tenido que afrontar en un tiempo absolutamente convulso y adverso. Y aunque no se deducen de la obra ninguna teoría o modelo que haga de esta obra un verdadero manual, la historia de resistencia de Sánchez sí ofrece algunas lecciones a tener en cuenta.

De entrada, el libro nos habla de la desintermediación política. De cómo la desconexión entre los dirigentes del PSOE y una parte importante de su base social dio al traste con los intentos de renovación del partido basados en simples recambios de personal. La instauración de medidas de democracia interna chocó una y otra vez con el funcionamiento tradicional de un partido burocratizado u controlado por las élites intermedias. Por eso, la victoria final de Sánchez fue posible con la derrota de esos dirigentes territoriales, y la posterior concentración del poder en manos de la dirección federal, gracias al efecto desintermediador de las primarias y a los cambios que estableció después del 39º Congreso Federal. El libro no nos puede explicar todavía, claro está, cuales son todas las implicaciones de esta transformación orgánica.

Por eso, el libro también nos habla de la personalización de la política. De cómo Sánchez va interiorizando poco a poco la adopción de un discurso con aires populistas, en el que pretende representar la oposición de las bases ante unas élites difusas que nunca acabaron de aceptarle. Es ahí donde la combinación de fortuna y resiliencia convierten a Sánchez en un vivo ejemplo de las enseñanzas que Maquiavelo nos transmitió hace mucho tiempo: que te deseen y que te teman. El Sánchez de la primera etapa parecía conformarse con la estima. El Sánchez de la segunda etapa parece haber aprendido a ser temido. Y aunque el protagonista no es muy explícito en esa mutación, diversos pasajes dejan claro que su paso por el desierto de la política le permitió adquirir la audacia, o temeridad, que le permitiría después alcanzar la Moncloa.

Hay otras claves también a tener en cuenta, como su experiencia personal en los Balcanes, y el conflicto bosnio. Si Sánchez aspira a emplear la misma actitud y estrategia que admiró -en primera persona- en la política de Bill Clinton, podemos deducir que su política en Cataluña será bien diferente de la que ahora mismo centra la disputa en el espacio de la derecha. Tampoco debería pasarnos por alto su atracción por la política internacional, que se insinúa en algunos pasajes. Puede que el Presidente Sánchez acabe viendo la escena internacional como una posible vía de salida donde desarrollar su evidente ambición política cuando la escena política española le resulte demasiado pantanosa.

En el fondo, el libro de Sánchez nos depara un ejemplo de cómo los grandes partidos, y en particular los partidos socialdemócratas, tratan de adaptarse al cambio de la competición política que ha generado la aparición de nuevos partidos, la fragmentación de los electorados, y la polarización de la vida política. De momento, el de Sánchez es un caso de éxito ante el fracaso de muchos de sus partidos hermanos en el resto del Europa democrática. Como muchos otros líderes antes que él, supo cubrir sus aparentes debilidades y lagunas con un indudable intuición política. Por lo visto hasta ahora, una intuición más afinada que la de sus principales adversarios durante estos años. En este aspecto concreto, Pedro Sánchez es lo más parecido a Emmanuel Macron que hemos visto en la política española últimamente.

El plebiscito

Confiado en su audacia, Sánchez apuesta su enésimo todo o nada con el riesgo de una hipótesis inverosímil pero no imposible: que la derecha consiga la mayoría gracias a su división. No obstante, los sondeos más fiables apuntan a día de hoy, como resultado más probable, una reedición del escenario de bloqueo en el que vive el Parlamento español desde que la irrupción de los nuevos partidos y el proceso soberanista de Cataluña emponzoñaran los equilibrios tradicionales sobre los que se ha sostenido la democracia española de los últimos 40 años. Contra esos dos escenarios ha lanzado Sánchez su campaña relámpago, porque en cualquiera de ellos su continuidad como presidente podría resultar inviable.

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Hablar de un nuevo desafío para Pedro Sánchez ya ni siquiera es original. A pesar de que las próximas elecciones generales significarán otra vez un todo o nada para el líder socialista, quizá su resultado no sea tan concluyente como apuntan diversos sondeos y al final nos encontremos ante la reedición de escenarios de bloqueo. Algo sí es seguro: las próximas elecciones supondrán un nuevo paso en el proceso de personalización de la política española.

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En los próximos cuatro meses, la política española va a consistir en una lucha entre dos hipótesis políticas: la del desgarro de la izquierda frente a la del estancamiento de la derecha.

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Celebrity politics

Siempre ha habido un lugar para los famosos en la política. La única diferencia quizá haya sido el camino a la fama de cada época. En la vieja Roma de las legiones, el ejército proporcionó celebridades para dirigir el Imperio. En nuestras democracias de audiencia, los famosos provienen de los entornos mediáticos, especialmente de aquellos vinculados con el entretenimiento: deporte, cine, artes, ¿tertulias? Reagan, Eastwood, Schwarzenegger o el astronauta John Glenn (quien, tras una larga carrera como senador, regresó al espacio con 77 años) son algunos ejemplos de una larga lista de celebridades que decidieron liderar partidos para alcanzar el poder.

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Poco a poco empieza a clarificarse qué es y de dónde proviene la revuelta originada en Andalucía y personificada por Vox. El Barómetro de enero y los diversos sondeos publicados en las últimas semanas reflejan el ascenso paulatino del nuevo partido. Además, los datos del CIS aportan ya más que indicios sobre el origen de los apoyos que están aupando al nuevo partido.

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Por qué se rompe Podemos

Que la fuerza de Podemos está en declive lo refleja incluso la poco sorprendente, por previsible y esperada, última crisis. La decisión de Errejón de lanzar una candidatura propia es una forma de intentar alterar el curso que Podemos había tomado en los últimos tiempos. Y con ello, ensayar respuestas alternativas a los tres dilemas principales que han venido marcando el paso de la formación.

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El desenlace de la formación de Gobierno en Andalucía nos ha deparado una paradoja muy ilustrativa del nuevo terreno político abierto desde el 2 de diciembre: tras meses de polarización donde PP y Ciudadanos han competido por representar posiciones duras ante la cuestión catalana, las negociaciones para alcanzar un acuerdo sobre la presidencia andaluza les han obligado a defender un programa moderado que neutralizara la imagen ultra del partido que mejor ha capitalizado esa polarización, Vox.

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La polarización se ha convertido en el principal rasgo de la política española. Tras décadas en las que los partidos competían por votantes procedentes de ideologías diversas (mediante la denostada estrategia cach all o atrapalotodo), hemos pasado a lo contrario: asegurar el apoyo de los convencidos ofendiendo a los adversarios.

Los pocos datos de los que disponemos sugieren que el aumento de la polarización no es un rasgo exclusivamente de la política española. Pero aquí ha encontrado un terreno adobado. Como ya hemos analizado en algunos artículos, el proceso soberanista ha disparado la polarización en la sociedad catalana en torno al eje de la identidad nacional. Pero el conjunto de la política española también parece seguir esa línea. No es difícil pensar que la irrupción de Vox va a favorecer esa dinámica aún más.

No obstante, se trata de una polarización principalmente fabricada por los partidos, como un recurso fácil para mantener la lealtad de votantes cada vez más volátiles y menos dispuestos a aceptar las contradicciones de sus representantes políticos. Como muestra gráfico adjunto, los ciudadanos siempre han percibido a los partidos mucho más polarizados que a sí mismos. Pero en los últimos meses, desde el cambio de gobierno, la distancia entre la polarización de los partidos y la de los ciudadanos ha alcanzado una cota máxima desde el retorno de la democracia: casi dos puntos de distancia (según el indicador utilizado en una escala de 0 a 10).

Las consecuencias del uso extremo de la política de adversarios entre los partidos no son muy difíciles de pronosticar: incentivos para la competencia centrífuga y no centrípeta, consolidación de la política de bloques, disuasión para buscar el consenso en políticas y acuerdos entre partidos, reducción de los espacios para levantar reformas políticas y sociales, y sobre todo ruido. Mucho ruido: sinvergüenzas, miserables, golpistas, fascistas, enloquecidos, franquistas… Hay que reconocer que se está agotando el léxico para mantener el tono soberbio que parecen esperar los votantes, hasta perder el verdadero nombre de las cosas, como señala Mark Thompson en Sin palabras (2017). Pero estamos seguros que la imaginación de los políticos no se ha agotado aún.Sin embargo, debemos preguntarnos cuáles son los réditos a medio plazo que puede generar esa apuesta por la polarización. En la izquierda, ya son evidentes los signos de agotamiento para Podemos, que fue el principal beneficiario en los primeros años de esta dinámica de centrifugación. En la derecha, la polarización, que permitió a Ciudadanos recabar apoyos del PP sin alejarse demasiado del centro, ahora ha producido lo contrario: la llegada de un partido mucho más radical en su discursos sobre la identidad nacional y el tratamiento de las minorías, amenazando a Ciudadanos con quedar preso en esa disputa por el voto de derecha. Queda por ver hasta dónde podrá llegar la nueva dirección del PP, que ha comenzado abonándose a un discurso con pocos matices sobre la situación política catalana. El principal interrogante estriba en saber si Vox será capaz de hacer emerger una agenda política que rompa los consensos del período constitucional, y con ello pueda alimentar una deriva de radicalización entre una parte importante de votantes tanto de la derecha como de la izquierda.

Ahora bien, también puede suceder lo contrario: que la espiral de ruido que está produciendo la política de adversarios acabe agotando a los votantes, y genere con ello un nuevo valor a los políticos que sepan construir discursos de concordia y entendimiento con los adversarios. Si así fuera, y un amplio espectro de los votantes acabara deduciendo que la polarización puede ser contraproducente para afrontar los grandes retos de la sociedad española, podríamos esperar a medio plazo una un renacimiento de los discursos centrípetos. Ello podría pillar con el paso cambiado a aquellos líderes que en estos momentos adoptan un lenguaje sin matices y que ponen a prueba la coherencia entre sus palabras y la realidad.

La desintermediación política

Desintermediación: proceso de adelgazamiento y pérdida del monopolio del papel mediador entre el Estado y la sociedad ejercido por partidos, sindicatos, patronales, organizaciones de intereses, medios de comunicación tradicionales, entre otros, en beneficio de una relación más directa entre gobernantes y ciudadanos.

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Versión en catalán.

El dilema de Ciudadanos

¿Debe Ciudadanos buscar la presidencia de la Junta con el apoyo agónico del PSOE y la tolerancia de la izquierda radical, o facilitar la alternancia cediendo la presidencia al PP de la mano de la derecha radical?

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